Los seres vivos estamos expuestos de forma natural a una forma de energía denominada radiación. La radiación de origen natural procede de los materiales radiactivos del suelo, del aire o de la radiación cósmica que se genera en el sol y las estrellas. El fondo natural de irradiación al que estamos expuestos no es idéntico en todas partes, variando geográficamente, debido por una parte a la altura sobre el nivel del mar (aumentando la radiación cósmica al aumentar la altura) y por otra, a la concentración de elementos radiactivos en la corteza terrestre, que varía de unas zonas a otras.


La radiación también se produce de forma artificial. En 1895, Roëntgen descubrió los rayos X, el primer tipo de radiación artificial que ha utilizado el ser humano. Los rayos X se utilizan en medicina para identificar lesiones y enfermedades internas mediante imágenes.


En la vida diaria utilizamos las radiaciones para muchas cosas y estamos expuestos a ellas con frecuencia: cuando escuchamos la radio, hablamos con el móvil, calentamos el desayuno en el microondas, tostamos el pan o cuando nos hacen una radiografía.


¿Qué diferencia hay entre las radiaciones ionizantes y las no ionizantes?


  • Las radiaciones no ionizantes se llaman así porque no tienen la energía suficiente para romper los enlaces de los átomos de la materia con la cual interacciona. Su origen puede ser artificial, como las ondas de radio, la televisión, la telefonía móvil o los microondas o puede ser natural, como los rayos ultravioletas.

  • Las radiaciones ionizantes, en cambio, sí que tienen la energía suficiente como para romper los átomos de la materia que atraviesan, produciendo lo que se llama ionización. Estas radiaciones pueden ser de origen artificial, como los rayos X, o de origen natural, como los que proceden de la tierra, del aire que respiramos o de la radiación cósmica; siendo las exposiciones médicas la fuente más importante en países desarrollados.