Semana Mundial de la Lactancia Materna

sábado, 1 de agosto de 2026

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La Semana Mundial de la Lactancia Materna se celebra cada año del 1 al 7 de agosto. Está coordinada por la World Alliance for Breastfeeding Action, WABA, y conmemora la Declaración de Innocenti de 1990, un documento impulsado por la OMS y UNICEF para proteger, promover y apoyar la lactancia materna. La campaña comenzó en 1992 y, desde 2016, se vincula también con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En 2018, la Asamblea Mundial de la Salud la reconoció como una estrategia importante de promoción de la lactancia materna. En Europa, y también en Castilla y León, muchas actividades se celebran tradicionalmente en octubre, coincidiendo con la semana 41 del año, como símbolo de la duración media de un embarazo.

En 2026, la campaña internacional pone el foco en medir los avances y evaluar el impacto de la lactancia materna en la nutrición, la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza. No se trata solo de decir que la lactancia es importante, sino de preguntarnos qué está funcionando, qué apoyos tienen realmente las madres y qué falta todavía para que las familias puedan sostener la lactancia cuando así lo desean. El lema y los mensajes de WABA insisten en reforzar lo que funciona, crear cadenas de apoyo y entender la lactancia como una cuestión de salud, equidad y comunidad.

La lactancia materna es la forma de alimentación recomendada por la OMS durante los primeros meses de vida: lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses y, a partir de ahí, introducción progresiva de alimentos complementarios seguros y adecuados, manteniendo la lactancia hasta los dos años o más, siempre que madre y bebé lo deseen. Esta recomendación es importante, pero debe explicarse bien: no es una consigna para culpabilizar a quien no puede o no quiere dar el pecho, sino una orientación de salud pública que necesita apoyo profesional, familiar, social y laboral para poder llevarse a cabo.

La leche materna no es siempre igual; se adapta al momento y a las necesidades del bebé. El calostro, la leche de los primeros días, aparece en pequeñas cantidades, pero tiene un gran valor nutricional e inmunológico. Después, la composición va cambiando y la producción se regula en función de la succión y la demanda del bebé. Por eso, en los primeros días no siempre "tener poca leche" significa que algo vaya mal: muchas veces lo importante es valorar el agarre, la postura, la frecuencia de las tomas, la transferencia de leche y el estado general del recién nacido. La Guía de lactancia para madres y padres de Castilla y León, edición 2025, recuerda que un agarre eficaz, tomas frecuentes y sin restricciones y una buena transferencia de leche aumentan las posibilidades de éxito.

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El inicio de la lactancia empieza mucho antes de llegar a casa. El contacto piel con piel inmediato e ininterrumpido tras el nacimiento facilita la adaptación del bebé, ayuda a mantener su temperatura, favorece el vínculo y puede facilitar el comienzo de la lactancia. La guía de Castilla y León indica que, si no hay problemas clínicos, el bebé debe colocarse piel con piel con su madre y que, si no fuera posible, puede hacerlo con la pareja u otra persona acompañante. También recuerda algo muy práctico: si el bebé no se agarra espontáneamente en la primera hora, conviene pedir ayuda a la matrona.

Aquí es donde el papel de las matronas resulta clave. La lactancia no debería depender de la suerte, de consejos contradictorios o de que una madre "aguante" como pueda.
Lactancia maternaImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoLactancia materna

Muchas dificultades de lactancia tienen solución cuando se valoran pronto. Dolor persistente, grietas, sensación de que el bebé no se agarra bien, tomas interminables sin descanso, pecho muy congestionado, bultos, fiebre, rechazo del pecho, llanto continuo con dudas sobre si está comiendo suficiente, pérdida de peso excesiva o baja ganancia ponderal son situaciones en las que no conviene esperar ni quedarse sola.
La Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia, IHAN, insiste en la importancia de que los centros sanitarios cuenten con profesionales formados para evaluar una toma, mejorar la posición y el agarre, ayudar con la extracción de leche y abordar problemas frecuentes como la sensación de baja producción, el lactante que llora mucho, la ingurgitación, las grietas o las dificultades de succión.

También es importante hablar de lactancias reales. Hay lactancias exclusivas, diferidas con leche extraída, mixtas, lactancias tras cesárea, con prematuridad, con ingreso neonatal, con vuelta al trabajo, con gemelos, con destetes graduales o con dificultades emocionales. Todas merecen información rigurosa y acompañamiento respetuoso.


La lactancia no debería medirse solo por "éxito" o "fracaso", sino por cómo se ha acompañado a esa madre, qué opciones ha tenido,
si ha podido decidir informada y si ha contado con una red que no la juzgue.


El diagnóstico, en lactancia, no es el de una enfermedad, sino una valoración completa de la situación. Se observa una toma, se revisa la postura, el agarre, la transferencia de leche, la frecuencia de las tomas, el peso del bebé, los pañales, el estado del pecho, el dolor materno y el bienestar emocional.
El abordaje suele consistir en corregir postura y agarre, favorecer el piel con piel, ajustar la frecuencia de las tomas, enseñar extracción si hace falta, aliviar la congestión, acompañar el descanso, reforzar la confianza y hacer seguimiento cercano. Cuando existe sospecha de problema clínico en la madre o en el bebé, se deriva o coordina con pediatría, matrona, enfermería, medicina de familia u otros profesionales.

En Castilla y León existen recursos específicos que pueden ayudar a las familias.
El Portal de Salud incluye la Guía de lactancia para madres y padres, edición 2025, elaborada por profesionales especialistas en lactancia, entre ellos matronas, obstetras, pediatras, enfermería y grupos de apoyo.


¿Cómo puedo participar?

Podemos participar creando una cultura de apoyo real a la lactancia.

  • En casa, acompañando sin juzgar, facilitando descanso, comida, agua, tiempo y calma.
  • En el entorno social, evitando comentarios que generen culpa o inseguridad.
  • En el trabajo, favoreciendo medidas que permitan continuar la lactancia o la extracción de leche.
  • En el sistema sanitario, ofreciendo información actualizada, coherente y basada en la evidencia.
  • Y como ciudadanía, difundiendo recursos fiables y recordando que apoyar la lactancia no es presionar a las madres, sino hacer que quienes desean amamantar no tengan que hacerlo solas.