Día Mundial de la Seguridad del Paciente

jueves, 17 de septiembre de 2026

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El Día Mundial de la Seguridad del Paciente se celebra cada 17 de septiembre. Fue establecido por la 72.ª Asamblea Mundial de la Salud en 2019, mediante la resolución WHA72.6, con el objetivo de aumentar la concienciación mundial, promover el aprendizaje compartido y reducir los daños evitables relacionados con la atención sanitaria. La idea de fondo es sencilla, pero fundamental: que cada atención, cada prueba, cada tratamiento y cada decisión sanitaria se realicen de la forma más segura posible.

En 2026, la OMS dedica esta jornada a la atención segura de las enfermedades no transmisibles, con el lema "Safe care for life!", que en España se ha adaptado como "Atención segura durante toda la vida". Es una elección muy coherente con la realidad de Castilla y León, donde muchas personas conviven durante años con diabetes, enfermedad cardiovascular, enfermedad respiratoria crónica, cáncer, demencia, dolor crónico u otras enfermedades que requieren seguimiento continuado.

La seguridad del paciente adquiere una importancia especial en las enfermedades crónicas porque la atención no ocurre en un único momento. Una persona puede pasar por prevención, diagnóstico, tratamiento, autocuidado, revisiones, pruebas, cambios de medicación, derivaciones, ingresos, alta hospitalaria, atención domiciliaria o cuidados en residencia. En cada paso puede haber riesgos, pero también oportunidades para prevenir errores, mejorar la comunicación y hacer que la atención sea más segura y coordinada.

La OMS recuerda que las enfermedades no transmisibles representan una gran carga de enfermedad en todo el mundo y que, además, los daños asociados a la atención sanitaria siguen siendo un reto importante: se estima que 1 de cada 10 pacientes puede sufrir algún daño durante la atención sanitaria, y que una parte importante de esos daños es prevenible. Por eso, hablar de seguridad del paciente no debe entenderse como señalar culpables, sino como aprender, mejorar los procesos y reducir riesgos evitables.

La seguridad del paciente no es solo una responsabilidad de los profesionales. También implica que la persona conozca su enfermedad, entienda su tratamiento, pregunte cuando algo no le queda claro, comunique alergias o efectos no esperados, lleve actualizada su información sanitaria y participe en las decisiones. En Castilla y León, la Escuela de Pacientes recoge este enfoque en contenidos como "Si no es necesario, puede hacer daño", integrado dentro de las estrategias de calidad y seguridad del paciente y orientado a promover un uso racional y prudente de pruebas, tratamientos y recursos sanitarios.

En las enfermedades crónicas, la seguridad también se juega en lo cotidiano: saber cuándo consultar, evitar duplicidades, acudir a revisiones, revisar periódicamente los tratamientos, prevenir caídas, cuidar la alimentación, mantener actividad física adaptada, conocer signos de alarma y no abandonar el seguimiento cuando la enfermedad parece estable. La Estrategia de Atención al Paciente Crónico en Castilla y León 2024-2030 plantea precisamente adaptar el sistema sanitario a la realidad de las personas con enfermedades crónicas y sus cuidadores, avanzando hacia una atención más coordinada, continua y centrada en la persona.

También es importante prestar atención a los momentos de transición: cuando una persona recibe el alta hospitalaria, cambia de profesional, empieza o modifica un tratamiento, pasa de una consulta a otra o queda pendiente de un resultado. En esos momentos conviene saber qué ha cambiado, qué se debe vigilar, cuándo hay que volver a consultar y quién realizará el seguimiento. No tener noticias no siempre significa que todo esté bien; por eso, preguntar y confirmar la información también forma parte de una atención segura.

En España, este enfoque se refuerza con la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud 2025-2035, aprobada como marco de referencia para avanzar hacia una atención más segura, equitativa y de calidad. La estrategia insiste en reducir los daños asociados a la atención sanitaria, situar la seguridad del paciente como dimensión transversal de la calidad asistencial e impulsar acciones coordinadas en todos los niveles del sistema sanitario.

No hablamos de "síntomas" de una enfermedad, sino de señales que deben hacernos parar: dudas importantes sobre un tratamiento, instrucciones contradictorias, caídas recientes, efectos no esperados, empeoramiento de una enfermedad crónica, dificultad para manejar la medicación, pérdida de seguimiento o sensación de no comprender qué se ha decidido en consulta. La seguridad empieza cuando esas dudas se verbalizan.


¿Cómo puedo participar?

Podemos participar haciendo preguntas en consulta, llevando una lista actualizada de tratamientos, comunicando alergias y antecedentes importantes, avisando si algo no se entiende, confirmando qué cambios se han hecho en la medicación, sabiendo cuándo y con quién debemos hacer seguimiento, y consultando si aparecen signos de empeoramiento.

También podemos participar usando fuentes fiables, evitando la automedicación sin criterio, no solicitando pruebas o tratamientos innecesarios, compartiendo recursos de la Escuela de Pacientes y recordando que profesionales, pacientes y familias deben trabajar en la misma dirección.


La seguridad del paciente mejora cuando la información se comparte, las dudas se preguntan y las decisiones se toman de forma acompañada.