Día Mundial del Corazón
Día Mundial del Corazón
Cada 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, una iniciativa liderada por la World Heart Federation para concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares y promover su prevención y detección precoz. La idea fue impulsada a finales de los años noventa por el cardiólogo Antoni Bayés de Luna, entonces presidente de la Federación Mundial del Corazón, y se puso en marcha en 1999 con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud y la UNESCO. La primera celebración tuvo lugar en el año 2000 y, desde 2011, se conmemora de forma estable cada 29 de septiembre.
En 2026, la campaña internacional lleva por lema "Don’t Miss a Beat", que podemos traducir como "No pierdas ni un latido". El mensaje pone el foco en algo especialmente importante: algunas enfermedades cardiovasculares pueden permanecer ocultas o presentar señales que no siempre reconocemos. Por eso, la campaña anima a conocer los síntomas, proteger nuestra salud cardiovascular y actuar a tiempo.
¿Qué son las enfermedades cardiovasculares?
Las enfermedades cardiovasculares son un conjunto de trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. Incluyen, entre otras, la cardiopatía coronaria, la insuficiencia cardiaca, determinadas arritmias, las enfermedades de las válvulas del corazón y las enfermedades cerebrovasculares.
Continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. Según los últimos datos publicados por la OMS, se estima que en 2022 causaron alrededor de 19,8 millones de muertes, aproximadamente un tercio de todas las defunciones mundiales. El infarto de miocardio y el ictus concentran gran parte de esta mortalidad.
En Castilla y León, la prevención cardiovascular constituye también una prioridad sanitaria. La estrategia regional insiste especialmente en la prevención, la detección temprana, el tratamiento y la rehabilitación de las personas con enfermedad cardiovascular.
Cuidar el corazón empieza antes de que aparezca la enfermedad
Muchas enfermedades cardiovasculares están relacionadas con factores de riesgo que podemos prevenir o controlar. El tabaquismo, la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, una alimentación poco saludable, la inactividad física, el exceso de peso, el consumo perjudicial de alcohol y la contaminación ambiental aumentan el riesgo cardiovascular. También existen factores que no podemos modificar, como la edad, algunos antecedentes familiares o determinadas enfermedades.
Por eso es importante no esperar a tener síntomas. Conocer nuestra presión arterial, realizar los controles sanitarios recomendados y cuidar nuestros hábitos cotidianos ayuda a reducir el riesgo. Desde Castilla y León se recuerda que la prevención cardiovascular pasa tanto por mantener estilos de vida saludables como por conocer y controlar los factores de riesgo y reconocer precozmente los signos de alarma.
¿Qué señales no debemos ignorar?
No existe un único síntoma de enfermedad cardiovascular. Algunas enfermedades pueden desarrollarse durante años sin producir molestias evidentes. La hipertensión, por ejemplo, puede permanecer sin síntomas durante mucho tiempo.
Sin embargo, algunas señales requieren especial atención. Un dolor, presión u opresión en el centro del pecho, especialmente si se extiende hacia uno o ambos brazos, hombros, espalda, cuello o mandíbula, puede ser un signo de infarto. También pueden aparecer dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, mareo, debilidad o sensación de desvanecimiento.
No todas las personas presentan los síntomas de la misma forma. Las personas mayores, las mujeres y algunas personas con diabetes pueden presentar manifestaciones menos características o menos llamativas. Por eso, ante la sospecha de un infarto, no debemos esperar a comprobar si los síntomas desaparecen: hay que llamar inmediatamente al 112. Actuar rápido puede salvar vidas y reducir el daño del músculo cardiaco.
En otras enfermedades del corazón pueden aparecer falta de aire durante el esfuerzo o incluso en reposo, cansancio que antes no existía, palpitaciones, mareos, desmayos o hinchazón de piernas y tobillos. La aparición de estos síntomas debe ser valorada por profesionales sanitarios, especialmente cuando son nuevos, persisten o empeoran.
¿Cómo se diagnostican las enfermedades cardiovasculares?
El diagnóstico dependerá del problema que se sospeche. La valoración suele comenzar con la historia clínica, los antecedentes personales y familiares, la exploración física y la medición de factores como la presión arterial.
Según cada caso pueden realizarse análisis de sangre, un electrocardiograma u otras pruebas que permiten estudiar la estructura y el funcionamiento del corazón y de los vasos sanguíneos. Algunas personas necesitarán además pruebas de imagen, monitorización del ritmo cardiaco, pruebas de esfuerzo u otros estudios específicos.
Detectar precozmente los factores de riesgo y las enfermedades cardiovasculares permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
¿Cómo se tratan?
El tratamiento es diferente para cada enfermedad y debe adaptarse a las características de cada persona. Puede incluir cambios en los hábitos de vida, control de los factores de riesgo, tratamiento farmacológico cuando está indicado, programas de rehabilitación cardiaca y, en determinadas enfermedades, procedimientos intervencionistas o cirugía.
La alimentación saludable, la actividad física adaptada a cada situación, abandonar el tabaco, mantener un peso adecuado, limitar el consumo de alcohol y seguir correctamente las indicaciones y revisiones establecidas por los profesionales sanitarios son una parte fundamental del tratamiento y de la prevención de nuevos problemas cardiovasculares.
En enfermedades crónicas como la insuficiencia cardiaca, aprender a reconocer los cambios en los síntomas y participar activamente en el autocuidado ayuda además a mantener la enfermedad estable y detectar antes una posible descompensación. La Escuela de Pacientes de Castilla y León dispone de contenidos específicos para ayudar a las personas y sus familias en este aprendizaje.
¿Cómo puedo participar?
Este 29 de septiembre podemos aprovechar para preguntarnos cuánto conocemos realmente sobre nuestra salud cardiovascular. Medir nuestra presión arterial, revisar nuestros factores de riesgo, movernos más durante el día, cuidar la alimentación, evitar el tabaco y acudir a las revisiones recomendadas son pequeños pasos con un impacto importante a largo plazo.
La campaña de 2026 propone precisamente incorporar pequeños cambios de forma mantenida y prestar atención a las señales que nuestro corazón puede enviarnos. También anima a compartir información fiable para que más personas sepan reconocer los síntomas de una emergencia cardiovascular.
Porque cuidar el corazón no empieza cuando aparece la enfermedad. Empieza cada día.

















