Día Mundial del Cerebro
Día Mundial del Cerebro
El Día Mundial del Cerebro se celebra cada 22 de julio por iniciativa de la Federación Mundial de Neurología. La fecha no es casual: coincide con el aniversario de la creación de esta organización, fundada el 22 de julio de 1957. La primera celebración como Día Mundial del Cerebro se impulsó en 2014 para aumentar la conciencia social sobre la salud cerebral y las enfermedades neurológicas. En 2026, el lema internacional es "Salud cerebral: acceso para todos", poniendo el foco en la necesidad de prevenir, diagnosticar y atender los problemas neurológicos de forma equitativa y cercana.
Hablar de salud cerebral no es hablar solo de memoria o de enfermedades graves. La Organización Mundial de la Salud define la salud cerebral como el funcionamiento del cerebro en áreas como la cognición, los sentidos, las emociones, la conducta, las relaciones sociales y el movimiento. Es decir, el cerebro está presente en cómo pensamos, sentimos, caminamos, dormimos, aprendemos, nos comunicamos y nos relacionamos con los demás.
Cuidar el cerebro empieza mucho antes de que aparezca una enfermedad. Mantener controlada la tensión arterial, evitar el tabaco, reducir el consumo de alcohol, cuidar la alimentación, moverse cada día, dormir bien, mantener relaciones sociales y consultar ante síntomas nuevos son medidas sencillas que ayudan a proteger la salud cerebral a lo largo de la vida. En Castilla y León, la Escuela de Pacientes recuerda, por ejemplo, que el ictus aparece de forma repentina y requiere atención urgente, porque cada minuto cuenta.
Hay señales que no debemos dejar pasar: pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en la cara, brazo o pierna, dificultad para hablar o entender, alteración repentina de la visión, pérdida de equilibrio, mareo intenso o dolor de cabeza muy fuerte y repentino. Ante la sospecha de ictus, no hay que esperar a ver si se pasa: hay que llamar al 112. En Castilla y León existe el Código Ictus, orientado a facilitar una atención precoz y coordinada en la fase hiperaguda.
El diagnóstico de los problemas neurológicos depende de cada situación. Puede incluir valoración clínica, exploración neurológica, pruebas de imagen, análisis y otros estudios para conocer la causa. El tratamiento también varía, pero suele combinar atención urgente cuando es necesaria, seguimiento especializado, rehabilitación, apoyo emocional, educación sanitaria, adaptación del entorno y control de los factores de riesgo. No se trata solo de tratar una enfermedad, sino de conservar la autonomía, la calidad de vida y la participación de la persona.
¿Cómo puedo participar?
Podemos participar cuidando nuestro propio cerebro y ayudando a otras personas a reconocer señales de alarma. Es un buen día para revisar hábitos, animar a caminar más, hablar del descanso, favorecer la vida social de las personas mayores, compartir información fiable sobre ictus y enfermedades neurológicas, y recordar que consultar a tiempo puede cambiar el pronóstico.

















