Migraña
La migraña es una enfermedad neurológica que provoca episodios recurrentes de dolor de cabeza y otros síntomas, como náuseas o una mayor sensibilidad a la luz y al ruido. Puede afectar de forma importante a las actividades cotidianas, pero existen tratamientos que ayudan a controlar las crisis y reducir su frecuencia.
Migraña
- cefalea
- cabeza
- dolor
Introducción
La migraña es una enfermedad neurológica, no simplemente un dolor de cabeza. Se caracteriza por episodios o crisis que pueden producir dolor de intensidad moderada o intensa y acompañarse de otros síntomas neurológicos y digestivos.
El dolor suele ser pulsátil y puede localizarse en un lado de la cabeza, aunque no siempre tiene que afectar únicamente a un lado. Con frecuencia empeora con la actividad física habitual y puede acompañarse de náuseas, vómitos y sensibilidad aumentada a la luz, los sonidos o determinados olores. Sin tratamiento eficaz, una crisis típica en una persona adulta puede durar entre 4 y 72 horas.
La migraña tiene una base biológica compleja en la que intervienen factores genéticos y diferentes mecanismos del sistema nervioso. Algunas circunstancias pueden facilitar la aparición de una crisis, pero los desencadenantes no son la causa de la enfermedad ni son iguales para todas las personas.
Entre los posibles desencadenantes se encuentran los cambios en los horarios de sueño, el estrés o el periodo posterior al estrés, el ayuno prolongado, algunos cambios hormonales, la deshidratación o determinados estímulos ambientales. No es recomendable eliminar alimentos de forma generalizada si no se ha identificado una relación clara con las crisis.
Síntomas
Las manifestaciones pueden variar de unas personas a otras e incluso entre diferentes crisis de una misma persona.
Los síntomas más frecuentes son:
- Dolor de cabeza moderado o intenso.
- Dolor pulsátil o sensación de latido.
- Dolor en uno o ambos lados de la cabeza.
- Empeoramiento con actividades habituales, como caminar o subir escaleras.
- Náuseas y, en ocasiones, vómitos.
- Molestia o intolerancia a la luz.
- Molestia o intolerancia a los sonidos.
- Mayor sensibilidad a determinados olores.
- Dificultad para concentrarse.
- Cansancio antes o después de la crisis.
No todas las personas pasan por las mismas fases. Algunas pueden experimentar síntomas previos, como cambios de ánimo, cansancio, bostezos, dificultad para concentrarse o cambios en el apetito. Estos síntomas forman parte del comienzo de la crisis y no deben confundirse necesariamente con factores desencadenantes.
Migraña con aura
Algunas personas presentan aura, un conjunto de síntomas neurológicos transitorios que pueden aparecer antes o durante el dolor de cabeza y que son completamente reversibles.
Los más frecuentes son:
- Alteraciones visuales, como luces, líneas, destellos, puntos brillantes o zonas de pérdida de visión.
- Hormigueo o alteraciones de la sensibilidad.
- Dificultades transitorias para hablar o encontrar las palabras.
El aura típica suele desarrollarse gradualmente y cada síntoma suele durar entre 5 y 60 minutos. En algunas ocasiones puede aparecer aura sin que posteriormente haya dolor de cabeza.
Diagnóstico
El diagnóstico de la migraña es fundamentalmente clínico. Se realiza a partir de las características de los episodios, los síntomas asociados, los antecedentes personales y familiares y la exploración física y neurológica.
No existe un análisis de sangre ni una prueba de imagen específica que confirme por sí sola una migraña.
Cuando los síntomas son característicos, la exploración neurológica es normal y no existen signos de alarma, no suele ser necesario realizar pruebas de imagen únicamente para confirmar el diagnóstico.
Puede ser útil llevar un diario de cefaleas, anotando:
- Los días en los que aparece dolor.
- La duración de las crisis.
- Los síntomas que acompañan al dolor.
- La aparición de aura.
- La menstruación, cuando proceda.
- Los medicamentos utilizados y su eficacia.
- Las posibles circunstancias relacionadas con las crisis.
Este registro ayuda a conocer mejor la enfermedad, valorar la frecuencia de las crisis y comprobar la respuesta al tratamiento.
Tratamiento
El tratamiento debe adaptarse a cada persona teniendo en cuenta la frecuencia y gravedad de las crisis, su repercusión sobre la vida diaria, otras enfermedades, los tratamientos utilizados previamente y las preferencias de la persona.
Existen dos grandes tipos de tratamiento: el dirigido a controlar una crisis cuando aparece y el destinado a reducir la frecuencia y gravedad de futuras crisis.
Tratamiento de las crisis
El tratamiento suele ser más eficaz cuando se utiliza de forma adecuada al inicio de la fase de dolor.
Dependiendo de las características de la crisis y de cada persona pueden utilizarse:
- Analgésicos.
- Antiinflamatorios no esteroideos.
- Triptanes, medicamentos específicos para la migraña.
- Medicamentos para controlar las náuseas o los vómitos cuando sea necesario.
- En determinadas personas, tratamientos más recientes dirigidos frente al sistema relacionado con el CGRP, como algunos gepantes.
El profesional sanitario indicará cuál es la opción más adecuada y tendrá en cuenta posibles contraindicaciones, otras enfermedades y tratamientos concomitantes.
Es importante evitar el uso excesivamente frecuente de medicamentos para las crisis, ya que algunos pueden favorecer la aparición de cefalea por sobreuso de medicación y contribuir a que el dolor se haga más frecuente.
Si es necesario utilizar medicación para las crisis muchos días al mes, conviene consultarlo con un profesional sanitario.
Prevención y manejo
No siempre es posible evitar las crisis de migraña, pero algunas medidas pueden ayudar a reducir su frecuencia o repercusión.
Se recomienda:
- Mantener unos horarios de sueño lo más regulares posible.
- Evitar tanto la falta de sueño como cambios importantes en los horarios habituales.
- Mantener una hidratación adecuada.
- Evitar periodos prolongados de ayuno.
- Realizar actividad física de forma regular y adaptada a la situación personal.
- Mantener una alimentación equilibrada sin realizar restricciones innecesarias.
- Aprender estrategias para gestionar el estrés.
- Identificar los posibles desencadenantes personales mediante un diario de cefaleas.
- Seguir correctamente el tratamiento prescrito.
- Evitar la automedicación y el uso excesivamente frecuente de analgésicos u otros medicamentos para las crisis.
No es necesario buscar o eliminar todos los posibles desencadenantes. Cada persona puede tener factores diferentes y algunos no pueden evitarse. El objetivo debe ser conocer mejor la propia enfermedad y mantener unos hábitos regulares, sin generar restricciones innecesarias ni sentimiento de culpa.
¿Cuándo consultar?
Es recomendable consultar con un profesional sanitario cuando:
- Los dolores de cabeza aparecen con frecuencia o interfieren en las actividades cotidianas.
- Las crisis están aumentando en frecuencia o intensidad.
- El tratamiento habitual deja de ser eficaz.
- Es necesario tomar medicamentos para el dolor muchos días al mes.
- Aparecen síntomas compatibles con aura por primera vez o cambian las características del aura habitual.
- El patrón habitual del dolor cambia de forma significativa.


















