Cáncer de piel
El cáncer de piel es una enfermedad que puede prevenirse en muchos casos y detectarse de forma precoz. Protegerse de la radiación solar, evitar quemaduras y consultar ante manchas, heridas o lunares que cambian es fundamental.
Cáncer de piel
- piel
- sol
- rayos ultravioleta
¿Qué es?
El cáncer de piel aparece cuando algunas células de la piel crecen de forma descontrolada. Puede presentarse de diferentes formas. Los tipos más frecuentes son el carcinoma basocelular y el carcinoma espinocelular, conocidos como cáncer de piel no melanoma. También existe el melanoma, que es menos frecuente, pero puede ser más agresivo si no se detecta a tiempo (ver contenido específico sobre melanoma
).
La exposición excesiva a la radiación ultravioleta, procedente del sol o de fuentes artificiales como las cabinas de bronceado, es uno de los principales factores de riesgo. Aunque algunos casos pueden ser graves, muchas medidas de prevención son sencillas y eficaces: protegerse del sol, evitar quemaduras, revisar la piel y consultar ante lesiones sospechosas.
Causas y factores de riesgo
El cáncer de piel no tiene una única causa, pero existen factores que aumentan el riesgo de desarrollarlo:
- Exposición excesiva al sol, especialmente si se producen quemaduras solares.
- Uso de cabinas de bronceado o rayos UVA artificiales.
- Piel clara, ojos claros, cabello rubio o pelirrojo, o tendencia a quemarse con facilidad.
- Antecedentes de quemaduras solares, sobre todo durante la infancia y la adolescencia.
- Presencia de muchos lunares o lunares de aspecto irregular.
- Antecedentes personales o familiares de cáncer de piel.
- Edad avanzada, aunque también puede aparecer en personas jóvenes.
- Trabajo o actividades frecuentes al aire libre.
- Sistema inmunitario debilitado por algunas enfermedades o tratamientos.
- Lesiones cutáneas previas relacionadas con el daño solar acumulado.
Es importante recordar que la piel acumula daño solar a lo largo de la vida. No solo cuenta la exposición en la playa o la piscina: también influyen los paseos, el deporte, el trabajo al aire libre, las actividades de ocio o la exposición durante la vida diaria.
Síntomas
El cáncer de piel puede tener aspectos muy diferentes. No siempre duele ni produce molestias al inicio, por lo que es importante observar la piel y consultar si aparecen cambios.
Se recomienda consultar ante:
- Una herida que no cura o que vuelve a abrirse.
- Una mancha, costra o lesión que crece de forma progresiva.
- Un bulto brillante, rosado, rojizo, perlado o pigmentado.
- Una zona áspera, rojiza o descamativa que persiste.
- Una lesión que sangra, pica, duele o forma costra sin causa clara.
- Un lunar nuevo o un lunar previo que cambia.
Para revisar lunares o manchas pigmentadas puede ayudar la regla ABCDE:
- A de asimetría: una mitad no se parece a la otra.
- B de bordes: bordes irregulares, mal definidos o dentados.
- C de color: varios colores o cambios de color.
- D de diámetro: mayor de 6 mm o crecimiento progresivo.
- E de evolución: cambia de tamaño, forma, color, relieve, pica, sangra o no cura.
Ante cualquier lesión nueva, cambiante o que genere dudas, es recomendable consultar con un profesional sanitario.
Diagnóstico
El diagnóstico comienza con la valoración de la piel por parte de un profesional sanitario. Según el aspecto de la lesión, puede ser necesaria la derivación a dermatología.
El proceso puede incluir:
- Exploración de la piel.
- Dermatoscopia, una técnica que permite observar la lesión con mayor detalle.
- Seguimiento fotográfico de algunas lesiones, si se considera necesario.
- Biopsia o extirpación de la lesión sospechosa para analizarla en el laboratorio.
- Otras pruebas, en casos concretos, para valorar la extensión de la enfermedad.
Detectar el cáncer de piel en fases iniciales mejora las posibilidades de tratamiento y recuperación.
Tratamiento
El tratamiento depende del tipo de cáncer de piel, su tamaño, localización, profundidad, extensión y situación de cada persona.
Puede incluir:
- Cirugía para extirpar la lesión.
- Tratamientos locales, como medicamentos aplicados sobre la piel, crioterapia o terapia fotodinámica en casos seleccionados.
- Radioterapia en determinadas situaciones.
- Tratamientos sistémicos, como inmunoterapia, terapias dirigidas o quimioterapia, especialmente en tumores avanzados.
- Seguimiento dermatológico y/u oncológico para controlar la evolución y detectar nuevas lesiones.
No todos los cánceres de piel tienen la misma gravedad ni necesitan el mismo tratamiento.
El equipo sanitario indicará la opción más adecuada en cada caso.
Recomendaciones
Muchas medidas de prevención ayudan a reducir el riesgo de cáncer de piel:
- Evitar la exposición solar intensa, especialmente en las horas centrales del día.
- Buscar sombra.
- Usar ropa que cubra la piel, sombrero o gorra y gafas de sol con protección ultravioleta.
- Utilizar protector solar de amplio espectro, frente a radiación UVA y UVB, en las zonas no cubiertas.
- Aplicar el protector solar en cantidad suficiente, sobre piel seca, antes de la exposición.
- Reaplicar el protector solar al menos cada dos horas y siempre después del baño, sudor o secado con toalla.
- No utilizar cabinas de bronceado.
- Proteger especialmente a niños y adolescentes.
- En menores de tres años, evitar la exposición directa al sol y extremar las medidas de protección.
- Revisar la piel de forma periódica, incluyendo zonas menos visibles como espalda, orejas, cuello, cuero cabelludo, plantas de los pies y espacios entre los dedos.
- Consultar si aparece una lesión nueva, una herida que no cura o un lunar que cambia.
Proteger la piel no significa dejar de disfrutar del aire libre. Significa hacerlo de forma segura, evitando quemaduras y prestando atención a los cambios.


















