Edificio del hospital La Fundación del Hospital de los Santos Reyes data de mediados del siglo XVI, según puede deducirse de los documentos conservados de varias donaciones que se hicieron en el año 1.563.

Su edificación se realizó en los terrenos donados por el Obispo Acosta, verdadero promotor de la institución, en el lugar donde hoy está situada la iglesia de la Parroquia de Santo Domingo, y cuyo edificio constituía la parte más importante del Hospital. En él se situaban en distintas dependencias, las cocinas y la capilla en la planta baja, mientras la primera planta era la destinada a salas para el cuidado de los enfermos.

El resto del solar donde hoy se encuentra situado el edificio del actual hospital estaba ocupado por distintas construcciones auxiliares de las que algunos muros maestros quedan incluidos en la actual construcción.

Por su parte Silverio Velasco en su libro sobre la historia de Aranda nos dice:

Monasterio Sancti Espiritu "El Hospital de los Santos Reyes con el ejemplo del prelado, se vió también favorecido con la protección del Ayuntamiento, que le proporcionaba leña gratuita de sus montes, con una buena donación de Juan López de Segura, con la fundación de una capellanía de cuatro misas semanales y otra los domingos, y con la dotación perpetua de algunas camas. Había un regidor comisario del Hospital, un capellán con doscientos ducados al año, un mayordomo con cuatro reales diarios y un enfermero con seis".

Podemos apreciar la gran dependencia del Hospital y la relación que existía con la Iglesia, siendo la tarea asistencial enfocada a la acogida de enfermos desvalidos y sin medios.


Características del edificio

Arco de medio punto El edificio, de planta rectangular, está situado de este a oeste en su eje longitudinal, paralelo al tramo de la carretera de Valladolid, a pocos metros del puente que facilita el paso sobre el río Duero, verdadera frontera y elemento defensivo en otros tiempos y que hoy da continuidad al pueblo en esta zona denominada Allendeduero, y que entonces suponía el extrarradio, fuera de los muros que delimitaban la villa.

Está constituido por dos plantas, con cubierta de madera, salvo en la zona correspondiente al altar, que está cubierta con bóveda de crucería muy rebajada, separada del resto de la iglesia con un arco carpanel. La fachada, de gran sobriedad, presenta varios vanos en cada piso, situándose la entrada en la mitad del muro sur con un arco de medio punto, enmarcada por restos de un alfit muy sencillo. Sobre la clave del arco se colocó un pequeño bajorrelieve. La zona correspondiente a la cabecera está reforzada por cuatro contrafuertes para soportar el empuje de la bóveda interior.

Su objetivo fue acoger a enfermos pobres, naturales o vecinos de la villa, debiendo presentar para su acogida un certificado de pobreza, que expedía el párroco de cualquiera de las parroquias de la villa.
Restos del Monasterio Sancti Espiritu
En frente del Hospital se situaba el Monasterio del Sancti Espíritu, cuyas ruinas podian contemplarse todavía en los años setenta, cuando fue trasladado el arco de medio punto que aún se mantenía indemne, al paseo de la Virgen de las Viñas, donde hoy se encuentra flanqueado por tres de los escudos, del mismo monasterio, que llevan los símbolos del que fue su fundador y benefactor, el Obispo Acosta.


El Obispo Acosta


Obispo Acosta Don Pedro Feio d'Acosta, natural de la villa protuguesa Alpedriña, nació en 1.484 y pasó los años de su infancia, en el seno de una familia noble. Fue educado en la sombra y bajo la protección de dos tíos suyos, que estaban situados en las altas esferas de la curia romana. En 1.507 fue nombrado Obispo de Oporto por el Papa Julio II. De 1.507 a 1.511 vivió en Roma, donde estaban en pleno vigor las corrientes renacentistas, y que más tarde introducirá al norte de Portugal, donde reconstruirá el Palacio Epìscopal.

El rey Juan II de Portugal lo nombra Capellán de sus hijas. En febrero de 1.519, Juan III dotaría a su hermana Isabel para el casamiento con Carlos I de España. Ésta será acompañada por el Obispo como consejero en su séquito a España. A instancias suyas sería nombrado Obispo de León, ciudad en la que no vivió pero que visitó en 1.536 con motivo de supervisar los trabajos que Juan de Juni estaba finalizando en San Marcos. A este artista, a quien hizo venir de Roma, realizaría múltiples encargos a lo largo de su vida, compartiendo su gusto por la arquitectura y la escultura.

Al llegar a la Diócesis de Osma, ocupará la vacante del obispado por la muerte de su antecesor, habiendo sido propuesto por el emperador Carlos I. Aquí vivió en las tierras del Arzobispado de Osma, al que pertenecía también la villa de Aranda, atravesadas de este a oeste por el Duero, río que seguramene le evocaba sus recuerdos portugueses.

Durante catorce años promoverá una incesante tarea constructora, siendo de destacar en la Diócesis la Universidad de Santa Catalina, del Burgo de Osma, mientras que en Aranda son conocidas la construcción de la capilla principal de San Nicolás de Bari en Sinovas, el convento de las Bernardas (hoy desaparecido en su antiguo emplazamiento, donde actualmente se sitúa la Plaza del 7 de Agosto), la capilla principal de la Virgen de las Viñas, así como el Hospital de los Santos Reyes y el convento del Sancti Espíritu, que elegiría como lugar para su sepultura.

BIBLIOGRAFÍA:

Las Iglesias de Aranda, de Juan Gabriel Abad Zapatero, Historia de Aranda, de Pedro Sanz Abad, Memorias de mi villa, de Silverio Velasco, Descripción histórica del Obispado de Osma, de Juan Loperraez Corvalán, Viajes por España, de Antonio Ponz.