La tuberculosis está causada por una bacteria del complejo Mycobacterium tuberculosis y es una enfermedad que se transmite por vía aérea de una persona con tuberculosis pulmonar en fase contagiosa a otras personas al hablar, toser o estornudar. La enfermedad afecta fundamentalmente a los pulmones pero puede afectar a otros órganos.
Una persona con tuberculosis activa no tratada infecta una media de 10 a 15 personas al año. Sin embargo, no todos los sujetos infectados por el bacilo de la tuberculosis necesariamente desarrollan la enfermedad. Se calcula que el 10% de las personas infectadas desarrollarán la enfermedad en algún momento de su vida. El riesgo de desarrollar la enfermedad es mucho mayor en personas inmunodeprimidas, especialmente en las que son VIH positivas.
La infección por M. tuberculosis suele ser asintomática en personas sanas, dado que su sistema inmunitario actúa formando una barrera alrededor de la bacteria. Los síntomas de la tuberculosis pulmonar activa son tos, a veces con esputo que puede ser sanguinolento, dolor torácico, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudoración nocturna. La tuberculosis se puede tratar mediante la administración de antibióticos durante seis meses.
No hay que olvidar que el tratamiento correcto de la tuberculosis es la mejor medida de control de la enfermedad. Se considera que, en los casos de tuberculosis pulmonar sensible a los fármacos, transcurridas dos semanas de tratamiento los enfermos dejan de ser considerados potencialmente infecciosos pero es imprescindible realizar el tratamiento completo, y no abandonarlo, para evitar las recidivas de la enfermedad y la aparición de tuberculosis resistente a los medicamentos, que es mucho más difícil de tratar y causa con mayor frecuencia complicaciones.
La OMS tiene como objetivo para 2015: haber reducido en un 50% la prevalencia y las tasas de mortalidad de la tuberculosis, en comparación con los niveles de 1990 y para 2050: haber eliminado la tuberculosis como problema de salud pública (un caso por millón de habitantes). En nuestro país la Tuberculosis es una enfermedad de declaración obligatoria desde el año 1904 y en la actualidad continúa siendo un importante problema de salud pública, con una tasa de incidencia global de 15,39 casos por 100.000 habitantes y de 11,55 casos por 100.000 habitantes en tuberculosis respiratoria.
En 1998 Castilla y León desarrollo el Programa de Prevención y Control de la Tuberculosis de la Comunidad de Castilla y León, cuyo objetivo general, que la tendencia de la enfermedad fuese en 2007 descendente, se ha alcanzado. En 2010 la tasa de tuberculosis total fue en Castilla y León de 16,68 y de tuberculosis respiratoria de 12,07 casos por 100.000 habitantes.
El Programa recoge también una serie de objetivos específicos centrados en los estilos de vida, servicios sanitarios, coordinación, documentación, formación continuada, información e investigación.
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