Rocío Domínguez Peláez, Noelia Trigueros García y Andrea Mata Ferrero, matronas del Complejo Asistencial Universitario de Palencia, han participado en la XX Jornada Científica Regional organizada por ASCALEMA, Asociación de Matronas de Castilla y León, celebrada el pasado miércoles en la Facultad de Biología de la Universidad de Salamana.

Lo han hecho con la presentación de un exhaustivo estudio descriptivo retrospectivo sobre muerte fetal en mujeres con embarazo superior de 24 semanas. El objetivo de este proyecto es analizar las características clínicas y demográficas de estos casos que se han producido en el Complejo Asistencial Universitario de Palencia durante la última década, en concreto, desde el 1 de enero de 2013 al 31 de diciembre de 2023.

La muerte fetal anteparto (MFA) es uno de los eventos más devastadores en la obstetricia, con profundas implicaciones psicológicas para la familia y desafíos ético-clínicos para el personal sanitario. A pesar de los avances en el control prenatal, la incidencia de fetos muertos mayores de 24 semanas persiste como un indicador crítico de salud perinatal. El manejo en paritorio de estos casos requiere protocolos específicos que prioricen el parto vaginal y la seguridad materna, minimizando la intervención quirúrgica siempre que sea posible.

Para el estudio, las autoras han analizado como variables la edad de la madre, la forma de inicio del parto, el color del líquido amniótico, el sexto del feto y la forma de terminación del parto en 26 casos, de un total de 9.879 partos registrados en estos diez años en el CAUPA.

En cuanto a los resultados obtenidos, no se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en la edad de la madre, a pesar de que los resultados se concentren en una franja concreta de edad. El 65% fueron mujeres de entre 20 y 34 años; el 34% mayores de 35 años y no se registró ningún caso de menores de 19 años.

Sí que se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en las variables analizadas. El parto se inició de forma espontánea en el 27% de los casos, inducido con oxitocina en el 8%, inducido con prostaglandinas en el 65% y no se registró ninguna cesárea. En cuanto al líquido amniótico, fue sanguinolento en el 56%, claro en el 28% y meconial en el 16%. El sexo del feto, fue mujer en el 27% de los casos y varón el 73%. Por último, en cuanto a la forma más frecuente de terminación del parto, fue eutócica en el 96% de los casos, cesárea en el 4%, y no se registraron partos instrumentales.

Los resultados muestran un predominio de mujeres en edad reproductiva óptima (20-34 años, 65.4%), lo que refuerza que la MFA puede ocurrir en embarazos de bajo riesgo aparente. Destaca la alta tasa de inducción con prostaglandinas (65%), lo cual es coherente con las guías de práctica clínica actuales que recomiendan la maduración cervical en casos de óbito fetal para favorecer el parto vaginal. La eficacia de estos protocolos se refleja en que el 96% de los partos fueron eutócicos, logrando una tasa de cesáreas mínima (4%), lo cual es fundamental para reducir la morbilidad materna y facilitar la recuperación física en un contexto de duelo.

Un hallazgo de especial interés es la predominancia de fetos varones (73%) con una significación estadística, lo que coincide con diversas revisiones epidemiológicas que sugieren una mayor vulnerabilidad biológica del sexo masculino ante eventos adversos intrauterinos. Asimismo, el hecho de que el 56% del líquido amniótico fuera sanguinolento sugiere una asociación frecuente con eventos de desprendimiento placentario o procesos de maceración propios del tiempo de permanencia del feto tras el óbito.

Como conclusión del estudio presentado, las matronas afirman que el manejo obstétrico en el CAUPA ha demostrado ser altamente eficaz en promover el parto vaginal (96% eutócicos), siguiendo las recomendaciones internacionales de evitar cesáreas innecesarias en casos de feto muerto. Asimismo, destacan la importancia del registro, ya que los datos subrayan la necesidad de continuar monitorizando la MFA para identificar posibles factores de riesgo prevenibles en la población.

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