Hoy se celebra el Día Mundial de la Obesidad, una cita que sirve para llamar la atención sobre el creciente impacto de esta enfermedad a nivel sanitario, social y económico. «Las cifras invitan a la reflexión y la acción», afirma Belén Pérez Pevida,

especialista en Endocrinología y Nutrición del Complejo Asistencial Universitario de Palencia (Caupa) y miembro del Área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Gooseen). Y es que «en España, la prevalencia de obesidad en población adulta se sitúa en torno al 22%, con cifras que van en aumento (estimación de un 37% adultos en 2035) y la de sobrepeso alrededor del 39% con la misma tendencia», explica, para añadir a continuación que la provincia de Palencia, con una población de 158.702 habitantes, «se podría estimar que cerca de 40.000 palentinos sufren de obesidad». «El problema resulta especialmente grave si se tiene en cuenta, por ejemplo, que la obesidad reduce la expectativa de vida de forma equivalente al tabaquismo y se sitúa como la primera causa de mortalidad prevenible a nivel mundial», señala.

En los últimos años, el perfil del paciente con obesidad «ha cambiado de manera significativa», expone Pérez Pevida. «La enfermedad se presenta ahora con mayor frecuencia desde la infancia o adolescencia, lo que aumenta el riesgo de complicaciones metabólicas tempranas, como la diabetes tipo 2, el hígado graso y la hipertensión», comenta. Además, se ha observado un aumento en el número de pacientes que, a pesar de haber intentado múltiples veces perder peso, han obtenido resultados poco satisfactorios. Ante este panorama, la experta señala que la demanda de tratamientos médicos estructurados y personalizados está en ascenso. «Cada vez más, los pacientes buscan soluciones profesionales que les ofrezcan un enfoque integral y a largo plazo para manejar su obesidad», asegura. Sin embargo, también destaca que la sobreabundancia de información en las redes sociales representa un desafío. «Aunque los pacientes están más informados, esta exposición también los hace vulnerables a soluciones simplistas y rápidas que prometen resultados inmediatos», advierte.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el aumento de la obesidad infantil, un problema que se ha disparado en los últimos años. Según Belén Pérez, «vivimos en un entorno que favorece el exceso de peso, marcado por la alta disponibilidad de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo, el exceso de tiempo frente a pantallas y una menor actividad física espontánea. A estos factores, se suman otras influencias sociales y económicas que impactan directamente en los hábitos de vida. «La obesidad es una enfermedad multifactorial, donde influyen factores genéticos, fisiológicos, metabólicos, ambientales y sociales. En la infancia, el entorno familiar y escolar es particularmente determinante», subraya. En cuanto a las soluciones, la doctora subraya la importancia del papel de los padres y los colegios. «Los padres deben promover hábitos saludables desde casa, asegurándose de ofrecer una alimentación estructurada, ser un ejemplo activo, establecer límites en el uso de pantallas y respetar horarios regulares. Los colegios deben garantizar educación nutricional, actividad física diaria y entornos alimentarios saludables. No se trata de culpabilizar, sino de construir entornos que faciliten elecciones saludables», comenta.

Aunque se han logrado avances, aún queda un largo camino por recorrer para que la sociedad reconozca plenamente que la obesidad es una enfermedad crónica. Así lo asegura Pérez, quien explica que «está definida por un exceso de grasa corporal, con alta morbimortalidad y una disminución significativa de la esperanza de vida». A pesar de los progresos, persiste la errónea idea de que la obesidad es solo una cuestión de voluntad personal. «Este mito favorece el estigma y dificulta el acceso de los pacientes a un tratamiento adecuado», señala la especialista, que insiste en que es crucial impulsar un cambio cultural, clínico y social para cambiar esta perspectiva. «Es necesario eliminar el estigma relacionado con el peso y garantizar una atención equitativa y centrada en la persona con obesidad», incide.

«Se ha producido una cierta normalización visual del sobrepeso, que puede retrasar la percepción del riesgo y el diagnóstico precoz. Sin embargo, que sea frecuente no significa que no tenga consecuencias en la salud», afirma.

Los fármacos de nueva generación para el tratamiento de la obesidad han representado un avance significativo en la medicina, según Belén Pérez, especialista en Endocrinología. Estos medicamentos «están indicados para personas con obesidad o con sobrepeso asociado a comorbilidades, siempre bajo prescripción y supervisión médica, y como parte de un programa integral de cambio de estilo de vida», expone.

Algunas de estas moléculas permiten pérdidas de peso de hasta un 15%, con beneficios cardiovasculares demostrados en numerosos ensayos clínicos. Sin embargo, Pérez señala que «la evidencia en la práctica clínica sigue siendo limitada». Para abordar esta cuestión, en Palencia se ha llevado a cabo el primer estudio europeo en la práctica clínica real, el cual ha confirmado la eficacia y seguridad de estos tratamientos para el control del peso, además de mostrar mejoras en los factores de riesgo cardiovascular, similares a los resultados observados en ensayos clínicos controlados. El estudio también reveló mejoras en la calidad de vida de los pacientes, en áreas como la movilidad, el autocuidado, la vitalidad, el dolor o malestar, y en la reducción de la ansiedad y depresión. «Es importante entender que estos tratamientos no son estéticos, sino médicos, y están diseñados para tratar una enfermedad crónica, mejorando diversas esferas de la salud de las personas con obesidad, más allá del peso», enfatiza.

infantil. La doctora Pérez alerta sobre el riesgo de banalizar el uso de los fármacos para el tratamiento de la obesidad, especialmente si se presentan como soluciones rápidas o herramientas con fines puramente estéticos. «El tratamiento farmacológico debe utilizarse exclusivamente en las indicaciones aprobadas y siempre bajo seguimiento médico», explica el especialista, quien subraya que la obesidad «requiere un enfoque serio, estructurado y a largo plazo, con objetivos centrados en la salud integral, no solo en la pérdida de peso».

«La obesidad es uno de los principales retos de salud pública del siglo XXI», afirma Pérez, quien sostiene que sí es posible revertir la situación, pero para ello se requiere un abordaje estructural y coordinado. Según la especialista, es fundamental implementar estrategias y políticas de salud pública integradas, como rutas clínicas y asistenciales, y planes nacionales coordinados entre las administraciones central y autonómica. «Esto garantizaría la continuidad asistencial, la eficiencia, la equidad y la reducción del impacto social y económico de la obesidad», explica. La experta recalca que, aunque no se trate de alcanzar un peso «ideal», una reducción de entre el 5% y el 10% ya genera mejoras significativas en las complicaciones metabólicas y reduce el riesgo cardiometabólico. «El objetivo debe ser la mejora de la salud general, no simplemente la pérdida de peso», señala Pérez.

El futuro del tratamiento de la obesidad, según Pérez, radica en un enfoque multidisciplinar, en el que un equipo de especialistas en endocrinología, nutrición, atención primaria, psicología, enfermería y actividad física trabaje de forma integrada.

Sin embargo, el acceso equitativo a los tratamientos sigue siendo un desafío. En la actualidad, los fármacos para el tratamiento de la obesidad no están financiados, lo que limita su disponibilidad. «En Palencia, solo entre un 3% y un 5% de las personas que serían susceptibles de recibir tratamiento farmacológico lo están utilizando», concluye la doctora.

Reportaje publicado en Diario Palentino 04/03/2026