La estructura de la población en nuestra comunidad se caracteriza por su envejecimiento progresivo como consecuencia del descenso de la natalidad y del aumento de la esperanza de vida. En conjunto, más del 24,4% de los habitantes de Castilla y León tiene más de 65 años frente al 18,6% en la población nacional, por tanto, el proceso de envejecimiento en esta Comunidad es mayor que en el conjunto español. Por sexo, hay un claro predominio del porcentaje de las mujeres sobre el de los hombres, mayor a medida que la población tiene más edad, de forma que más del 56% de la población mayor de 64 años, son mujeres, porcentaje que supera el 65% en el grupo de 84 años y más.

Otra característica de la población de nuestra Comunidad es la dispersión, casi 2 millones y medio de habitantes en una superficie de 94.000 Km2. En los municipios de menos de 2.000 habitantes las personas mayores son el 36,0% de la población total. Por tanto, en el medio rural la población vive en pueblos pequeños y distantes y además es donde se concentran las personas de mayor edad.

La consecuencia de esta situación es un aumento de la dependencia global y, sobre todo, de la dependencia asociada al proceso de envejecimiento y por tanto, un aumento de la necesidad de prestar cuidados a estas personas que ven disminuida su autonomía.

La familia es la principal fuente de ayuda de las personas dependientes en nuestra cultura e, históricamente, la función social de cuidadoras ha correspondido a las mujeres. Las personas dependientes en nuestro entorno suelen ser personas mayores, con discapacidad, personas con alguna enfermedad crónica incapacitante o enfermos en estado terminal. El periodo de tiempo dedicado a los cuidados de estas personas puede ir desde unos meses hasta años.

La incorporación de la mujer al mundo laboral cambia el modelo familiar, pero en el cuidado de las personas dependientes las mujeres siguen asumiendo el rol, sometiéndose a una sobrecarga de trabajo. No obstante, los cambios sociales están siendo evidentes y son cada vez más las personas externas al hogar, a veces con el apoyo de la administración, las que se dedican al cuidado de las personas dependientes y comparten con la familia estos trabajos.

A todos ellos va dirigida esta guía, siendo su principal objetivo ayudar a cuidadoras y cuidadores, así como a las personas que de ellos dependen, a alcanzar la mejor calidad de vida posible.