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El 26 de octubre de cada año se celebra el Día del Daño Cerebral Adquirido (DCA), con la finalidad de sensibilizar a la población y poner el foco en las necesidades de atención, de rehabilitación y reinserción social de las personas con daño cerebral adquirido o sobrevenido.

Con esta celebración la Federación Española de Daño Cerebral (FEDACE) trata de acercar la realidad del daño cerebral a la sociedad y ayudar a que esta sea comprendida, sumando así esfuerzos para lograr un sistema sociosanitario que garantice la continuidad asistencial y la implantación de un modelo de atención del daño cerebral.

El Daño Cerebral Adquirido se produce por una lesión en el cerebro que ocurre de forma súbita, y cuyo origen no es degenerativo ni congénito. Como resultado, se producen alteraciones que afectan al funcionamiento normal del cerebro y, en consecuencia, a las capacidades físicas del organismo, al nivel cognitivo y al conductual.

De acuerdo con el informe realizado por FEDACE con la colaboración del Real Patronato sobre Discapacidad, durante el año 2015 en España vivían 420.000 personas con Daño Cerebral Adquirido. El 78% de los casos tuvieron su origen en un ictus (accidentes cerebrovasculares) y el 22% restante en traumatismos craneoencefálicos (TCEs) y otras causas. Cada año se dan 104.701 nuevos casos de Daño Cerebral Adquirido: 99.284 por accidentes cerebrovasculares, 4.937 por traumatismos craneoencefálicos y 481 por anoxias (estas últimas pueden producirse a consecuencia de una parada cardiorrespiratoria).

Las causas más frecuentes de daño cerebral adquirido son los accidentes cerebrovasculares (ACV), también llamados ictus. Se producen porque una zona del cerebro deja de recibir, de forma súbita, suministro de sangre, ya sea porque un trombo o un émbolo lo impiden (ictus isquémico) o bien porque se rompe un vaso sanguíneo que irriga el cerebro (ictus hemorrágico) y ocasiona una hemorragia intracerebral que, además, tendrá como efecto el aumento de la presión intracraneal. Hasta el 85% de los ictus son isquémicos pero los ictus hemorrágicos son más graves y causan mayor mortalidad.

El 65,03 % de las personas con daño cerebral adquirido son mayores de 65 años, dato que se relaciona con la alta incidencia del ictus en un colectivo en el que la mayor parte del mismo (el 52%) son mujeres. A pesar de este porcentaje, solo el 42% del total de personas con daño cerebral adquirido que solicitaron valoración de su dependencia eran mujeres. Este punto sugiere una especial vulnerabilidad de las mujeres con daño cerebral, que solicitan en menor medida que los hombres el reconocimiento administrativo de la discapacidad; situación que los investigadores relacionan con factores de edad y culturales.

Los traumatismos craneoencefálicos se producen por un golpe brusco que lesiona las estructuras cerebrales, aun cuando la lesión no haya producido un daño visible en el cráneo.

En función del origen del daño, el tratamiento tendrá diferente orientación:

  • Para el ictus, donde una intervención inmediata y dirigida a corregir la lesión vascular cerebral desde los servicios de emergencias sanitarias podrá evitar, en muchos casos, secuelas graves.
  • Para los traumatismos cerebrales, donde será necesaria la intervención hospitalaria de los especialistas según la lesión que se haya producido.
  • Para los casos de tumores cerebrales, en los que a partir del diagnóstico definitivo se decidirá el tipo de actuación a realizar.

A pesar de estas intervenciones, en un porcentaje de casos quedará una lesión cerebral permanente.

En el momento en que se produce el daño cerebral adquirido una de las consecuencias inmediatas es una alteración del nivel de conciencia, que puede variar desde una situación de confusión transitoria, que se recupera en poco tiempo, a una situación de coma profundo que no siempre va a ser reversible.

Además de afectar al nivel de conciencia, el daño cerebral adquirido puede afectar a otras funciones que dirige el cerebro produciendo alteraciones físicas, cognitivas y alteraciones de la conducta. Como consecuencia, la relación de secuelas incluye: parálisis en una mitad del organismo, dificultad para hablar y para comprender lo que se oye, trastornos de la atención, falta de concentración, trastornos del aprendizaje, irritabilidad, inestabilidad emocional y otros. El grado de las secuelas está relacionado con el grado de la lesión, su extensión, la zona afectada del cerebro, la duración de la interrupción del riego cerebral y también con el estado previo de la persona que sufrió el daño cerebral adquirido.

La atención más adecuada del daño cerebral adquirido se enmarca en el ámbito de la atención sociosanitaria, que facilita la valoración, en cada caso, de las necesidades de los pacientes y define el tipo de recurso asistencial que resulta más indicado para cada persona.


Para saber más:

Aula de Pacientes. Portal de Salud de Castilla y León. Personas cuidadoras.

https://www.saludcastillayleon.es/AulaPacientes/es/cuidados-recomendaciones/personas-cuidadoras

Aula de Pacientes. Portal de Salud de Castilla y León. Asociaciones de Pacientes y Familiares de Castilla y León

http://www.saludcastillayleon.es/AulaPacientes/es/asociaciones-pacientes-familiares/ictusEste enlace se abrirá en una ventana nueva

Federación Española de Daño Cerebral

https://fedace.org/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

Federación Española de Ictus

https://ictusfederacion.es/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

Sociedad Española de Neurología.

http://www.sen.es/publico-pacientesEste enlace se abrirá en una ventana nueva

Sociedad Española de Neurología. La Fundación del Cerebro

http://www.fundaciondelcerebro.es/Este enlace se abrirá en una ventana nueva