Surge en el siglo XVII y estaba situado entre la Catedral y la Basílica de San Vicente, muy cerca de la Muralla y junto al Arco de San Vicente.

Su fundación se debe a la familia Cavero, don Antonio, don Felipe y doña Isabel, que donaron sus casas para la instalación del hospital aunque, propiamente, sea su fundador el sobrino de estos, don Mateo Pinto de Quintana Cavero, arcediano de Ávila.
Hospital de San Joaquín o Convalecientes

Tiene capacidad para albergar a 12 personas, seis varones y seis mujeres, que no deben ser propiamente enfermos sino "convalecientes" que no tengan medios económicos, ya que este hospital no es fundado con la finalidad de curar enfermedades, sino de procurar la convalecencia de quien ya ha sido curado en otros hospitales, con el fina de afirmar la curación para que no recaigan en su enfermedad. La admisión de convalecientes tenía una particularidad: "...deberán ser vecinos de Ávila o haberse curado en los hospitales de Santa Escolástica, Santa María Magdalena o de la Misericordia, pero no se deben admitir enfermos que hayan estado en el hospital de Dios Padre". La razón es obvia: el haber padecido "humores gálicos" u otra enfermedad contagiosa podría infectar a los convalecientes.

Su actividad se prolongó hasta el año 1792, año que se ve obligado a cerrar sus acogedoras puertas para desempeñar otras funciones: casa de niños expósitos, Gobierno Civil, oficinas y, últimamente, Teatro Principal.